Recordando los sueños

Todas las personas sueñan. Aún cuando una buena parte de ellas son completamente incapaces de recordar el “argumento” de sus sueños, todos los humanos utilizan un porcentaje del tiempo que permanecen dormidos para soñar. ¿Por qué soñamos? ¿Qué función cumple este fenómeno? Esa es la pregunta que la humanidad de ha hecho desde el principio de los tiempos. Se han arriesgado interpretaciones de todo tipo, aunque ninguna ha logrado conformar a todo el mundo. Algunas sociedades primitivas -y no pocas modernas- creen que al soñar se tiene contacto con los espíritus o que, de alguna forma mágica, nos serán revelados los números de la lotería. Otros han propuesto que los sueños reflejan traumas o angustias que no somos capaces de expresar conscientemente, cuestiones que nuestro cerebro es incapaz de tratar estando despierto y que enfrenta solamente cuando dormimos. Pero parece que hay un nuevo enfoque bajo el sol. En un artículo escrito para la revista digital “LiveScience”, Rachael Rettner explica que la función del sueño es ayudarnos a resolver problemas.

Una persona normal suele soñar de tres a cinco veces en una noche. Pero otras pueden tener hasta siete sueños. Los sueños suelen durar más a medida que la noche va progresando y si solemos dormir por ocho horas, es probable que dos de estas horas la pasemos inmersos en nuestros sueños. Nuestros sueños tienen sus fases. Cuando dormimos pasamos por cuatro etapas y no en todas ellas soñamos. De hecho, sólo en la etapa final, conocida como REM (siglas en inglés para las palabras “movimiento rápido del ojo”). Estos cuatro ciclos de sueño se van repitiendo durante la noche y duran desde una hora hasta noventa minutos.

Todas las personas sueñan pero no todos logramos recordar lo que soñamos. La gente varía mucho en cuánto a la forma de recordar sus sueños. Quizás la mayor razón y más importante del por qué la gente olvida sus sueños, es que ellos no le dan importancia. La cultura occidental no observa los sueños de una forma especial. Esto es lo malo con respecto a como la mayoría de los Sueños ocurren al final del ciclo durmiente y se interrumpen frecuentemente, y las prisas en levantarse para dedicarse a sus ocupaciones, les impide pensar sobre sus sueños durante la mañana.

Es aconsejable dedicar algunos momentos de reflexión al despertarse: permanecer tranquilo en la cama, con los ojos cerrados, y el cuerpo relajado. Después, preguntarse: ¿Qué era exactamente lo que estaba soñando? Al principio puede recordarse sólo un pasaje o a recordar las propias imágenes nocturnas; si se ha pasado toda la vida ignorando los sueños es posible que haya que dedicar muchos días sólo para empezar a recordarlos. Un buen consejo: irse a la cama con la cabeza despejada; el estar demasiado cansado puede nublar la memoria a la mañana. Además, se ha demostrado que dándole a la memoria el tiempo necesario para que busque, pueden reconstruirse secuencias.

El recuerdo del sueño puede entrenarse, intentando pensar durante algún tiempo acerca de todo lo qué se ha soñado antes de levantarse y escribiéndolo seguidamente. Los sueños son un lenguaje simbólico que emana de las profundidades de nuestro ser más profundo; la práctica de tomarse el tiempo necesario para pensar en ellos y en su posible mensaje puede darnos un mayor conocimiento de nosotros mismos. Recordar sus sueños requerirá algún esfuerzo de nuestra parte. Pero lo qué los sueños pueden aportarnos y contarnos sobre nosotros mismos, bien merece un esfuerzo.

Sí, éste es el mundo de los sueños, donde toda realidad se mezcla con la fantasía, donde la locura es verdad y todo oculto deseo viene a hablarnos en las sombras de la terrible noche… Porque todos somos súbditos cada noche de la magia inexplicable de los sueños”.

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