La Indignación de la Conciencia

«Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.»

Ayn Rand (1950)

Mucho se está hablando de la crisis mundial. Se avecinan tiempos difíciles en los que seremos testigos de enfrentamientos violentos y de caídas de estructuras económicas, Esto nos lleva a un cambio drástico en los valores y en la economía y nos iremos encaminando hacia otro tipo de valores intelectuales, dando mucho énfasis al intercambio a la comunicación. Los principales actores de todos estos cambios serán Urano, Saturno y Plutón, a los que se añadirá el gigante Júpiter, marcando los momentos más críticos y difíciles de este periodo. La T cuadrada cardinal (Aries, Libra, Capricornio) que configura un triangulo isósceles coronado en su cúspide por Plutón en el signo de Capricornio, quien juega el papel principal como telón de fondo del periodo. El hecho de que Plutón sea la clave de la figura nos habla ya de la trascendencia del periodo como uno de transformación, muerte o regeneración profunda de estructuras socio-político-económicas.

Históricamente cuando Saturno, Urano y Plutón forman entre si estructuras angulares tensas, como es en este caso la T cuadrada, vemos manifestarse simultáneamente tiempos de desestabilización política, social y económica. Por una parte se vive un periodo de estancamiento entre los factores arquetípicos que representan estas fuerzas divergentes, cuando no contrarias, provocando frustración sometida a gran presión, que al liberarse finalmente manifiesta el nacimiento de algo totalmente nuevo, el final de un orden antiguo, viejo, inservible se desintegra, y de sus cenizas surge un nuevo paradigma socio- económico- político.

Saturno se asocia tradicionalmente con la estructuras conservadoras de toda índole, el miedo al cambio, la conservación de poder y los limites de lo que es estructurado y material…Urano, por el contrario representa todo lo que no es Saturno, es decir el progreso, la desestabilización, la experimentación, lo nuevo y revolucionario, la inventiva, la creatividad, la vanguardia visionaria, y la ruptura de los límites tradicionales en todos los ámbitos, sociales y personales. Plutón, finalmente, marca las grandes transformaciones mediante la eliminación, regeneración o muerte, el instinto de supervivencia, la evolución de la especie, los cambios necesarios fundamentales para la subsistencia, que se han gestado soterradamente ajenos a la conciencia colectiva.

Esta figura tuvo lugar en julio-agosto 2010, si bien sus efectos reales se prolongarán hasta el año 2018 probablemente, ya que todo el entramado de la T cuadrada actuará como disparo de la cuadratura entre Urano y Plutón, que es el verdadero telón de fondo y se mantiene operativa durante todo ese periodo (2010 – 2018), marcando el matiz y la dirección profunda de los acontecimientos. Además Plutón no abandonará Capricornio hasta el 2023 aproximadamente, cuando todo su trabajo de regeneración y transformación de todo aquello que no va en la linea de nuestro programa humano, haya finalizado.

Este año hemos podido ver parte de los cambios que se avecinan. La entrada de Urano en Aries ha traido el nacimiento del movimiento de los indignados. La insurrección pacífica, muy especialmente contra los poderes mediáticos, políticos, económicos, es de vital importancia en los tiempos tan convulsos que estamos viviendo. Del pasado al presente, somos parte activa de toda esta infraestructura que genera tanto desencanto y que nos lleva, -en la opinión de muchos-, a un proceso de involución en una era de impresionante desarrollo. La cuestión está precisamente en considerar el mal que viene de fuera, la bestia que nos somete y de la que somos meras víctimas, no teniendo en cuenta que no somos ajenos al proceso, involucionamos o evolucionamos individualmente dentro de un colectivo de influencia ciertamente determinante. Podemos indignarnos, sí, pero empecemos por analizar nuestra propia conducta. ¿Está nuestra conciencia lo suficientemente despierta para darse cuenta de que cada uno de nosotros puede aportar su granito de arena para cambiar ese sistema que nos empuja al consumo, al desprecio, al olvido generalizado y a una competición despiadada de unos contra otros?

Tenemos que asumir que cada una de nuestras actuaciones compromete o afecta al resto, somos partes de este engranaje, nos anclamos en la misma realidad, funcionamos al unísono, desde nuestro libre albedrío, pero todos con un nexo común: asumir nuestro programa humano. Todo lo que hacemos repercute en otros y así sucesivamente. El cambio es irreversible e imparable, y esta etapa de agitación solo acaba de empezar y nos toca prepararnos para vivirla a fondo y darnos cuenta de que no solo afecta a una parte de la población que resulta ser siempre la de enfrente, sino que la renovación está en camino. Se trata de indignarnos, sí, pero hacerlo con coherencia, de nada sirve ir en contra de… sino a favor de lo que se expresa desde el corazón, porque en definitiva esta es la vía iniciática que nos permite transitar por el camino del auténtico cambio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *