Cáncer: el nacimiento de las emociones y los sentimientos

Cáncer es el primer signo del elemento Agua (sentimientos, emociones). Es el Yod de este Elemento. En Cáncer la persona ya no actúa de forma inconsciente (como ocurre en los signos de Fuego), sino que empieza a perseguir un objetivo personal. A través de Cáncer nos llegan las energías de nuestra personalidad emotiva o de deseos. En Cáncer nacen las emociones, los deseos, nacen todos los anhelos que impelen al hombre a conquistar, primero lo unitario, lo práctico, lo que hace nuestra vida más grata, para acabar conquistando las grandes cimas, las más inaccesibles metas. Genéricamente, éste es, por lo tanto, un signo de emociones limpias que, si no van dirigidas hacia una persona o situación en particular, son volcadas sobre el género humano, sobre la obra de la creación en su totalidad. Los sentimientos penetran en nosotros como llovida del cielo, y nacen las emociones extendiéndose a todo lo creado de forma abstracta.

A nivel profundo, la misión de los nativos de Cáncer consistirá precisamente en tomar conciencia, gracias a esta luz, de su potencial emotivo haciendo que se adecue a la política de la personalidad espiritual.

En Cáncer el hombre ya no actúa de forma inconsciente como lo hacía en el ciclo de Fuego, sino que empieza a perseguir un objetivo personal, siente la necesidad de poseer un recinto en el que poder realizar su obra, un marco que le dé seguridad, un hogar, una casa, algo que sea muy suyo. Cáncer, primer signo de Agua, está en analogía con el agua de la lluvia, portadora de toda la pureza del cielo. Por ser el primero de la trilogía de signos de Agua, guarda relación con el primero de los elementos, el Fuego, y esa mezcla de Agua y Fuego da a los Cáncer sentimientos elevados, reparadores, que al proyectarse sobre sus semejantes, puede tener sobre ellos efectos restauradores, librándolos de sus angustias, de sus pesares y hasta de sus males físicos.

En el proceso creativo está regido por Hesed. En el zodíaco constituido lo rige la Luna. Hesed es el cuarto Centro del Árbol, y el primero del Mundo de Creaciones. Se sitúa en la columna de la derecha. Según la Tradición, toda fuerza activa necesita pasar por cuatro fases para desarrollarse: Yod- He-Vav-He, siendo la primera semilla, el impulso, la voluntad; la segunda, la tierra donde esta semilla debe germinar; la tercera el resultado de la acción de la primera sobre la segunda, o sea el florecimiento de la semilla; y la cuarta el resultado final de este ciclo, es decir, el fruto. Pero éste contiene una nueva semilla y por lo tanto, será asimismo el inicio de otro ciclo. En el Árbol Cabalístico, Kether representa pues la primera fase, Hochmah la segunda, Binah la tercera y Hesed la cuarta del primer ciclo o Mundo de Emanaciones, pero es a la vez la primera de otro ciclo, el de Creaciones, que se asimila a las emociones. Está regido por el planeta Júpiter.

Primer Decanato de Cáncer: de este Decanato emanan las fuerzas constitutivas de los sentimientos y de los deseos. En ese estado no existe aún un objetivo exterior susceptible de captar ese impulso emotivo y el individuo se siente animado por una inmensa disponibilidad amorosa que se expande por el mundo entero, cubriendo todo lo creado con ese manantial de amor. La misión de estos nativos es ser agua de lluvia que lo purifica todo. Sus sentimientos, sus deseos, van hacia lo superior, lo elevado, y si están avanzados en su proceso evolutivo, se convierten en auténticos místicos, en cabezas visibles de la espiritualidad que ayudan a sus compañeros de cordada a acceder a las altas cimas del conocimiento humano. Las claves de este primer Decanato son voluntad-amor. La Voluntad (Yod), interiorizada en el amor (He), lo potencia y produce la revelación de sí mismo como individuo. Éste es un gran momento para el alma humana, que se siente despertar de su letargo.

Segundo Decanato de Cáncer: Nos encontramos, pues, en un Decanato de anticipación, en el que el individuo utiliza las fuerzas formadoras de los sentimientos de que es portador Cáncer para obtener esa perfección emotiva interior propia del Escorpio. el segundo Decanato de Cáncer, donde los deseos son más intensos, más profundos y actúan de manera coercitiva, impulsando al individuo al olvido de su realidad espiritual, en provecho de su realidad emotiva. Los nativos de este Decanato, internamente están habitados por violentas confrontaciones originadas por la necesidad de comprenderse a sí mismos en el aspecto emotivo. En el segundo Decanato de Cáncer, los trabajos de anticipación sobre las realidades escorpinianas producirán como un sueño, en el que el individuo contemplará la imagen de algo que aún no existe en la realidad. El Cáncer de este segundo Decanato será, pues, esencialmente el individuo que se idealiza, la persona que se identifica con un sueño, que cree ser alguien que aún no lo es, que cree poseer unos sentimientos que aún no posee. Se encuentra siempre identificado con su polo ideal.

Tercer Decanato de Cáncer: En este tercer Decanato se realizarán también trabajos de anticipación. Si el individuo del segundo Decanato vivía anticipadamente el amor de sí mismo, propio del Escorpio, el nativo del tercer Decanato, saltándose esa etapa de la propia estimación, vivirá el amor a los demás, hacia los que volcará todo el flujo de los sentimientos que él recibe de los manantiales cósmicos. Así pues, la fuerza primordial de los sentimientos se encuentra aquí unida a esa otra fuerza que en su momento surgirá y que, con el ímpetu de una catarata, hará que el nativo precipite esos sentimientos sobre los demás, anegándolos, por así decirlo, con su amor.