Trigono

El trígono constituye el próximo encuentro planetario después de la cuadratura. Se produce cuando dos planetas se encuentran separados entre sí por 120 grados. Éste es el mejor de los buenos aspectos, ya que une dos signos que corresponden al mismo elemento, cuyos materiales se prestan al ensamblaje de algo, a la feliz complementación del designio primordial puesto en marcha en la conjunción. El trígono entre dos planetas supone que anteriormente se han encontrado ya en semisextil, en semicuadratura, en sextil, en cuadratura y después de haber superado las tendencias destructivas producidas por este último encuentro, la suprema armonía renace de nuevo.

Cuando aparece un trígono en un horóscopo, con él viene la felicidad y el triunfo, pero ese bienestar no es algo que caiga del cielo de una manera casual, sino el fruto de un largo proceso de elaboración. El trígono supone una facultad duramente conquistada y en el horóscopo de nacimiento ha de indicarnos las aptitudes del individuo, aptitudes adquiridas, claro está, en anteriores existencias. En la línea de los buenos aspectos, el primero, el semisextil, es generado por Urano, corresponde al mundo cabalístico de las emanaciones y aporta a la conjunción inicial ese amor sin el cual nada puede progresar en el universo. El segundo de los buenos aspectos, el sextil, es generado por Júpiter, corresponde al mundo de la creación y aporta el poder de los sentimientos a la realización de la obra. El trígono es generado por Venus, corresponde al mundo de formación y a la tercera región etérica, donde el éter luminoso conecta la tercera región del mundo del pensamiento, donde se encuentran los arquetipos de los deseos y las emociones, con el corazón físico. Así pues, la superioridad del trígono en los aspectos benéficos no se debe únicamente al hecho de unir dos elementos idénticos, sino a su proximidad al mundo de los fenómenos, a la realidad material. El trígono instituye un hecho que se verá materializado en un futuro muy próximo y que será conforme a los buenos propósitos del individuo.

Con el trígono de la ida derramamos sobre el mundo nuestro amor, ese amor que Hochmah-Urano puso en nosotros en el momento del semisextil y que ahora es ya mayor, ha crecido y lo esparcimos generosamente sobre los seres y las cosas que el mundo pone a nuestro alcance. Con el trígono de retorno nos llevamos el amor del mundo, todo el afecto, la ternura, el agradecimiento, la adhesión que nuestros actos han inspirado. Tendremos, pues, que el trígono de retorno, en los asuntos de ciclo corto, nos devuelve el amor que hemos dado en el trígono de ida, con los correspondientes intereses, amor que se manifiesta como suerte, circunstancias felices, descubrimiento de aptitudes ignoradas, encuentros con personas que nos ayudan, etc. En segundo lugar, el trígono de retorno, en los asuntos de ciclo largo, apunta en nuestra cuenta el karma favorable que ha de facilitar nuestra próxima existencia. Y en tercer lugar, pone en acción ese karma favorable procedente de otras vidas y que nos cae encima, inesperadamente, como una lluvia benéfica. El trígono de retorno ha de ser, pues, más favorable que el de ida porque recibimos los efectos. Pero si en el de ida no hubiéramos generado las causas, nos quedaríamos con las manos vacías después.

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