Breve Historia

La historia de la interpretación de los sueños data del año 3000-4000 A.C. Estas interpretaciones y el significado de sueños dado se documentaron en tabletas de arcilla. Se dice que las personas de sociedades primitivas eran incapaces de distinguir entre la realidad y el mundo de los sueños. No solamente veían el mundo de los sueños como una extensión de la realidad, sino que también para ellos, el reino de los sueños era un mundo más poderoso.

En la Biblia, hay cerca de setecientos menciones de sueños, el sueño aparece como una de las formas elegidas por Dios para transmitir su palabra a algunos de sus hijos mortales. Para tomar un ejemplo, en el libro del Génesis, se nos cuenta que al anochecer “cayó sobre Abraham un sueño profundo y le envolvió una oscuridad terrorífica”. Entonces, Dios le comunica a Abraham lo que ocurría con sus descendientes hasta la cuarta generación. Los sueños eran tratados en un contexto religioso y en Egipto, los sacerdotes también actuaban como intérpretes de sueños. Los egipcios registraron sus sueños en jeroglíficos. A las personas con sueños particulares vívidos e importantes se les creía bendecidas y se consideraban especiales. Aquellos que tenían el don para interpretar los sueños eran muy solicitados y tratados especialmente.

En las épocas griega y romana, los intérpretes de sueños acompañaban a líderes militares en la batalla. Los sueños eran sumamente importantes y frecuentemente vistos como los mensajes de los dioses. En el siglo II de nuestra era el médico y adivino romano Artemidoro Daldiano escribió una obra titulada Oneirocrítica (interpretación de los sueños). Esta obra que consta de cinco libros y es un catálogo de objetos y sucesos que pueden aparecer en los sueños. En los primeros tres libros Artemidoro presenta sueños relacionados con el cuerpo humano y con objetos, animales o eventos que ocurren en el mundo natural. Junto a cada uno de estos objetos o símbolos oníricos. Artemidoro coloca el suceso o sucesos que se suponía éste presagiaba. Esto se fundamentaba en la creencia en los sueños como mensajes útiles para servirnos de guía en la vida, que pueden ser descifrados por medio de ciertas técnicas y con la ayuda de un diccionario especial. El cuarto libro, es una especie de manual de técnicas de interpretación de sueños, mientras que el quinto, es una colección de 95 sueños recopilados por Artemidoro. Estos 95 ejemplos sirven como modelos genéricos para ilustrar los principios generales de interpretación y la manera en que de estos surgen variaciones individuales. En otras palabras, Artemidoro entiende que se debe ser flexible cuando se trata de encontrar el significado de un sueño para una persona en particular.

Tras la muerte de Artemidoro la historia de la investigación e interpretación de los sueños en occidente sigue una curiosa historia, que eventualmente los llevó a ser vistos por el cristianismo como ocasión de pecado e instrumentos satánicos. Esto ocurre a pesar de que en los primeros siglos del cristianismo muchos de los llamados padres de la iglesia se habían referido a los sueños y a su interpretación como algo positivo, o al menos no siempre negativo. Morton Kelsey, un sacerdote episcopal e historiador contemporáneo, tras dedicar varios años al estudio de la interpretación de los sueños en la cristiandad occidental, señala como una de las causas principales de esta visión negativa de los sueños una mala traducción de Levítico 19:26 y Deuteronomio 18:10 en la Biblia latina conocida como Vulgata. Esta es la traducción que eventualmente se convirtió en la versión oficial de la iglesia Católica. En estos pasajes, según todavía aparece en algunas Biblias católico romanas, se establece que no se debe hacer caso de los sueños. Sin embargo, en el hebreo la palabra que se utiliza no significa sueños sino hechiceros. Según Kelsey, San Jerónimo, que fue el autor de esta traducción sabía que estaba traduciendo mal y posiblemente actuaba así debido a órdenes de las autoridades eclesiásticas.

Si miramos retrospectivamente a lo largo de nuestra historia, las personas siempre han tenido una inclinación a interpretar los sueños.

Los sueños también tenían calidad de proféticos. Frecuentemente se buscaba en los sueños señales de advertencia y consejo. Era un oráculo o augurio de los espíritus, bien sea un mensaje de una deidad, de antepasados o incluso los trabajos de demonios. Los sueños frecuentemente dictaron las acciones de líderes políticos y militares y ayudaron en el diagnóstico a aquellos que practicaban distintas formas de medicina. Los sueños eran una pista vital para sanadores para conocer cual era la enfermedad del soñador y se usaban para hacer un diagnóstico. La gente en las antiguas Grecia y China buscaban en sus sueños pistas para decidir sus actuaciones.

El mundo de los sueños puede verse como un lugar real al cual el espíritu y el alma van cada noche a visitar. Los chinos creían que el alma dejaba sus cuerpos para ir a este mundo. Sin embargo, si eran repentinamente despertados, su alma podría fracasar en volver al cuerpo. Por esta razón, aun hoy en día, algunos chinos son reservados con los despertadores.

En algunas partes de Europa, como Transilvania, se cuidaba de mantener cerrada la boca de los niños dormidos para que el alma, que tiene algo de pájaro, no pueda salir del cuerpo de la criatura, o bien se desaconsejaba dormir durante unos días cerca del lugar donde había muerto un hombre para no toparse con su espíritu que, algo desconcertado por su nueva condición de muerto, busca con desesperación comunicarse con algún ser querido. Los malayos intentaban tiznar el rostro de su enemigo mientras dormía para que, de regreso, el alma no reconociera a su dueño.

Algunas tribus indígenas americanas comparten esta misma noción de una dimensión distinta del sueño. Ellos creían que sus ascendientes vivían en sus sueños y tomaban formas no humanas, por ejemplo, plantas. Ellos veían los sueños como una forma de visitar y tener contacto con sus ancestros. Los sueños también les ayudaban a indicar su misión o papel en la vida.

A finales del siglo XVIII, los sueños habían perdido la importancia que tuvieron a través de los siglos y se les tomaba como producto de la ansiedad o simple indigestión, por lo tanto, no se les daba significado alguno. Más tarde, en siglo XIX, Sigmund Freud revivió la importancia de los sueños, su significado y necesidad de interpretación. Freud verdaderamente revolucionó el estudio de sueños. Uno de los descubrimientos más importantes de Freud es que las emociones enterradas en la superficie subconsciente suben a la superficie consciente durante los sueños, y que recordar fragmentos de los sueños pueden ayudar a destapar las emociones y los recuerdos enterrados. Freud decía que los sueños son una forma de realizar deseos y que muchos deseos son el resultado de deseos sexuales reprimidos o frustrados. En su opinión, la ansiedad que rodea dichos deseos hace que algunos sueños se conviertan en pesadillas.

Después de mil quinientos años de sueños vergonzantes y demonizados, llega Freud y los humaniza. Despojando a la Iglesia del privilegio exclusivo de interpretarlos, y dándoles una dimensión psicológica y antropológica.

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